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COLUMNA DE JORGE LANATA EN CLARÍN: Entre China y Cristina, la política exterior no sabe a dónde va

Un observador apresurado podría pensar que la política exterior del país es errática. Para nada: es deliberada. Hoy nuestros aliados más firmes son Rusia, Venezuela, China e Irán. Sin embargo, nuestras necesidades apremiantes señalan para otro lado: deuda y vacunas tienen más que ver con Estados Unidos.

Alberto comenzó el gobierno de Cristina soñando con una remake de la Tercera Posición. The dream is over; lo último que se recuerda de aquel sueño es a Diosdado Cabello, número dos de la dictadura venezolana, llamando “tibio” a Fernández. El pasado 24 de marzo -fecha por demás simbólica- el Gobierno comunicó que se iba del Grupo de Lima, el espacio creado en 2017 para una salida democrática en la crisis venezolana. Para Alberto, entonces, “el problema de los derechos humanos en Venezuela fue desapareciendo”.

Recordemos que según el último informe de Humans Rights Watch alrededor de 5,5 millones de una población total estimada en treinta y dos millones de venezolanos huyeron del país desde 2014, hay 348 presos políticos en sedes de los servicios de inteligencia, 15.500 personas detenidas arbitrariamente y al año 2019 policías y agentes de seguridad mataron a más de 19.000 personas en casos de supuesta “resistencia a la autoridad”.

Entre enero y agosto de 2020 dos mil personas fueron asesinadas durante operaciones de seguridad. Pero como la realidad es siempre el último dato a tener en cuenta, la semana pasada a través del portal Russia Today se “filtró” una decisión que el Gobierno tomó en marzo: Argentina retiró su apoyo a la demanda contra el régimen de Maduro ante la Corte Penal Internacional.

“La Argentina no tienen ningún alineamiento,lo que hace es coleccionar fricciones”, le dijo a Clarín Diego Guelar, ex embajador en Estados Unidos, Brasil, Unión Europea y China. “Es nuestra sistema de relación con el mundo. Hay cortocircuitos con Uruguay, Chile, Israel, Brasil e incluso con los que se supone que son aliados”. En el último punto Guelar alude a la reciente decisión de prohibir la exportación de carne, medida en la que el gobierno ya volvió sobre sus pasos: el precio subió y encima el 76% de los cortes que se venden afuera van a China.

El peor ejemplo del zigzagueo diplomático se vivió con Israel: fue el primer viaje oficial de Alberto impulsado incluso por Cristina -representada por Kicillof en la comitiva- y pensado como una carambola en la relación con Estados Unidos. El Presidente cenó en la casa de Netanyahu y asistió al foro internacional por el 75° aniversario del Holocausto. Hasta que el pasado 10 de mayo, cuando Hamas lanzó cohetes hacia Israel y en represalia Israel bombardeó Gaza, la Cancillería argentina condenó la reacción israelí y la califico como “desproporcionada”, mientras no mencionaba a Hamas.

Pablo Tettamanti -ex embajador de Cristina en Rusia- fue el autor del texto y, aunque se discutió incluir a Hamas finalmente se decidió no hacerlo. El grupo palestino es reconocido como terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos, Egipto, Israel y otros países, y cuenta con la financiación y la tecnología armamentística de Irán.

Ese fin de semana había llegado al país una delegación para poner en marcha la Fase 3 de una vacuna contra el coronavirus desarrollada por el ejército israelí. El proyecto quedó stand by en medio del fuego cruzado. El 27 de mayo el Gobierno votó en la ONU a favor de investigar posibles abusos a los derechos humanos por parte de Israel en la franja de Gaza. El voto argentino siguió al de Rusia, China, Venezuela, Cuba y los países africanos.

El 1° de junio fue citado Sergio Urribarri, el embajador argentino, a la Cancillería israelí y le comunicaron que Israel consideraba “inaceptable” la posición de nuestro país. No ocurría algo así desde el pacto con Irán en 2013.

Juan González, director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y asesor de Biden tuvo dos encuentros con Felipe Solá: estuvo en el país en abril y se vieron en la asunción de Guillermo Lasso en Ecuador, hace unos días. En el primer encuentro le preguntó por China, y en el segundo surgió el tema Maduro y los americanos dijeron que les interesa conversar sobre el asunto con Argentina porque el gobierno “habla con Maduro” y ellos no tienen comunicación.

Este comentario despertó en el Gobierno la fantasía de participar en una eventual mediación promovida por Estados Unidos y Francia; pero como para la Argentina la salida no puede excluir al chavismo, el Gobierno subiría a una cuerda floja. Respecto a China, a Estados Unidos le preocupa la base espacial en Neuquén y la eventual construcción de una nueva base en Tierra del Fuego.

La ruta de la seda
En el caso de China la agenda está tan llena como demorada aunque para los chinos, maestros en el arte de esperar, ese es un problema menor. China negocia con Argentina la construcción de una cuarta central nuclear, la compra de la Hidrovía, la instalación de granjas porcinas y la inclusión del país en la llamada Nueva Ruta de la Seda, un proyecto lanzado en 2013 por el presidente Xi Jinping que se extiende desde el Este de Asia, Europa, Africa y América latina.

Según la Deutsche Welle, “China está invirtiendo en puentes, puertos, líneas de ferrocarril y carreteras en todo el mundo. El sueño de la Nueva Ruta de la Seda le cuesta al Estado chino cientos de miles de millones de euros. El presidente chino Xi Jinping promete desarrollo y riqueza no solo para China, sino para el mundo entero. Sin embargo, la mayoría de los proyectos de infraestructura son ejecutados por chinos”. Alberto es hasta ahora el único presidente latinoamericano que hablará en la celebración de los cien años del Partido Comunista China fundado por Mao.

En política exterior el gobierno de Cristina presidido por Alberto, parece saber a dónde va.